Mallorca | Una isla, dos rumbos para enamorar

Mallorca | Una isla, dos rumbos para enamorar

Mallorca | Una isla, dos rumbos para enamorar

LEYENDO EL VIENTO ENTRE OESTE Y ESTE

 

Dos oportunidades por descubrir

Será la meteorología, además de las preferencias del grupo, la que nos aconseje iniciar una singladura hacia el Este o  por el contrario dirigirnos hacia el Suroeste para luego recorrer toda la costa occidental de la isla.

Duración

7 días | 8 noches

Disponibilidad

Junio | Julio | Agosto

Capacidad

Hasta 8 personas*

Distribución

4 camarotes dobles

4 baños

 

Precio

5.600 €

(*) Consultar mayor disponibilidad.

Esta experiencia nos permite considerar dos itinerarios bien diferenciados

Cada travesía tiene su propio ritmo. Y ambas son un ejemplo de cómo puede desarrollarse una semana a bordo, siempre adaptándonos al grupo, al mar y al momento.

Día 1: PALMA DE MALLORCA | ENCUENTRO Y EMBARQUE

El embarque tiene lugar a las 18:00 en La Lonja Marina Charter, en uno de los puntos más vivos del frente marítimo de Palma. No se sale a navegar este día, y eso es deliberado: la experiencia empieza en puerto, sin prisas y sin presión operativa.

La primera tarde se dedica a tomar contacto con el barco y con el grupo. Hay tiempo para instalarse, dotarse de provisiones, conocer los espacios, repartir camarotes y hacer una primera lectura informal de cómo funciona la vida a bordo y cómo podría ser nuestra travesía. Nada técnico, nada académico: una entrada progresiva y cómoda.

Con el barco ya como base, la ciudad está literalmente a nuestro lado. Tan solo unos metros nos separan de ella. La Lonja y el casco antiguo permiten una primera noche abierta: cena fuera, copa, ambiente y la posibilidad de disfrutar Palma desde tierra sin desconectarse todavía del todo. El barco espera, amarrado, como punto de encuentro y regreso.

Por qué este día importa: porque permite empezar bien, sin forzar nada, mezclando ciudad, grupo y barco antes de soltar amarras al día siguiente.

Naveguemos el Oeste de Mallorca

Día 2: RUMBO SUROESTE 222º

Iniciamos nuestra travesía rumbo 222º, dejando Palma de Mallorca a nuestra popa, con el objetivo de salir de la Bahía de Palma y doblar cabo de Cala Figuera. Nuestra meta, a 14 millas de nuestra base, no es otra que Cala Malgrats, que nos recibe abierta, protegida, limpia.

Fondeamos frente a los islotes de Conills y es Malgrats —reserva marina—. Un primer mar en nuestra travesía que invita a algo más que flotar: hay fondo para quien quiera sumergirse de verdad. Vida marina, roca viva, azul denso.

Como primera jornada a bordo, es perfecta para empezar a conformarse como un nuevo equipo.

Día 3: NUESTRO DESTINO ES ANDRATX

Salimos con el sol aún bajo, dejando atrás las Malgrats con rumbo 325º, y es que nos dirigimos a Cala Blanca, que nos aportará otro contraste de cómo pueden ser el resto de calas y rincones que nos esperan en este lado de la isla. Si hemos anticipado la reserva de atraque (o boya) en Andratx, no tendremos prisa y podremos disfrutar de una jornada única. El grupo, mientras tanto, empieza a encontrar su lugar: quien lleva el timón, quien pregunta, quien propone.

Tras el almuerzo a bordo, tendremos tiempo de descansar o hacer algunos bordos si el viento nos ayuda. No olvidemos que esta experiencia, además, es una oportunidad para conocer todo aquello que nos interese de la navegación segura a vela.

Llegamos a Andratx con buena luz. El puerto se adentra en la costa como un estuario contenido, rodeado de colinas verdes. Protegido, ordenado, vivo. Es uno de esos lugares donde se puede bajar a tierra sin romper el ritmo. Cada uno decidirá cómo pasar la noche, pero sin duda es una oportunidad para conocer desde tierra este exclusivo puerto natural en el suroeste de Mallorca, conocido por sus villas frente al mar, restaurantes de alta cocina y una atmósfera cosmopolita que combina tranquilidad mediterránea con estilo de vida de lujo, siendo un destino popular para yates, gastronomía y puestas de sol espectaculares.

Uhmmm… seguro que más de uno piensa que es un buen lugar para recalar a la vuelta.

Día 4: LA SERRA TRAMUNTANA DESDE EL MAR

A quien madruga Dios le ayuda, y además le garantiza espacio para fondear en Cala Ortigas.

Nuestra primera meta será la Isla de Dragonera, conocida por su silueta alargada y áspera, como la espalda de un dragón dormido. Espacio natural protegido, sin construcciones ni tráfico. Solo roca, faro, lagartijas endémicas y mar. La dejamos a babor y, tras doblar rumbo 060º, navegamos al encuentro de un paisaje que empieza a cambiar.

La Serra de Tramuntana – Patrimonio de la Humanidad – se impone sin imponerse: montañas más cercanas, vegetación más baja, perfiles que caen hacia el mar sin avisar. Nuestro destino, Cala de ses Ortigues, se intuye más que se ve: una curva discreta entre rocas, agua clara y fondo irregular, un refugio virgen de aguas cristalinas y fondo de roca ideal para el buceo. Si las condiciones del mar lo permiten, el desembarco ofrece una oportunidad única para los amantes del senderismo: el ascenso por el camí de sa Torre Nova. Esta ruta conduce hasta la histórica torre de defensa situada a más de 200 metros sobre el nivel del mar, desde donde se obtienen unas vistas panorámicas inigualables de la costa oeste mallorquina y el horizonte balear.

Toca noche serena, buena conversación y descanso.

Día 5 y 6: SEGUIMOS RUMBO HASTA SÓLLER

A un poco menos de tres horas está Sóller, la única bahía natural protegida y puerto de la costa oeste de la isla de Mallorca.

Aunque no podemos descuidar nuestra marcha —no siempre es fácil encontrar un buen punto de fondeo en la bahía—, el día nos regala un tramo de costa donde la Serra de Tramuntana parece volcarse al mar. Acantilados altos, curvas de roca, vegetación que cuelga sobre la línea del agua.

Sa Foradada, parada obligatoria. Una lengua de tierra con un gran orificio natural en su extremo. No hay muelle ni playa, solo roca y ese hueco que enmarca la luz como si lo hubiera diseñado alguien. Si el mar lo permite, fondeamos. A veces basta con mirar.

Cala Deià, poco después. Una cala pequeña, de rocas redondeadas y aguas verde esmeralda. No es playa de arena ni lugar de baño masivo, pero sí rincón para flotar en silencio o bajar a tierra y sentarse a comer con los pies en el agua. Si el grupo lo decide, hay lugar para eso.

Más adelante, la costa se encrespa. Paredes verticales y fondo profundo. El tramo final hacia la bahía de Sóller se navega con otra actitud: ya no exploramos, buscamos abrigo.

Y menudo es el Port de Sóller. No es un puerto masificado; es un núcleo marinero que ha sabido conservar su autenticidad. Las casas de pescadores de la zona de Santa Catalina trepan por la ladera, y el aire huele a salitre y a los naranjos que dominan el valle del interior.

Pero el verdadero tesoro de Sóller se desvela si te adentras en tierra. Desde el mismo puerto puedes subir a bordo del Tren de Sóller, un histórico tranvía de madera que traquetea suavemente por las vías. Este viaje es una cápsula del tiempo: el tranvía cruza huertos de naranjos y olivos centenarios, atraviesa túneles excavados en la roca y te lleva, en un trayecto de apenas 20 minutos, hasta el corazón del pueblo de Sóller, enclavado en la Vall dels Tarongers (Valle de los Naranjos).

¿Por qué no hacer dos noches en Sóller? Y, entre noche y noche, realizar una escapada a Sa Calobra: una de las calas más bellas de toda la isla, que tenemos a tan solo 6 millas de nuestro fondeo.

Día 7: NAVEGUEMOS DE VUELTA

Nuestro skipper madrugará para adelantar millas antes de que toda la tripulación se presente en cubierta, dispuesta a disfrutar de su última jornada a bordo antes de llegar, a media tarde, a nuestra base en la ciudad de Palma.

STOP. O no.

Quizás el grupo decida hacerlo de otro modo, más relajado, y sin retornar a nuestra base para su despedida, hacer noche en Andratx o Santa Ponsa. Cerrar así la experiencia, sin prisa. Desde allí, igualmente, podrán dirigirse al aeropuerto o puerto de Palma como lo harían desde nuestra base en La Lonja Marina.

En cualquier caso, este último día, además de sorprendernos con nuevos fondeaderos y paisajes ya conocidos desde otra luz, será una oportunidad para hacer balance. Sin discursos. Solo con gestos: quien recoge un cabo sin que se lo pidan, quien se da cuenta que una vela podría estar mejor trimada, quien se queda un poco más en silencio, quien ya piensa en repetir.

Navegar de vuelta es también parte del viaje.

Naveguemos el Este de Mallorca

Día 2: RUMBO SURESTE 150º

Amanecemos con decisión: rumbo 150º, dejando Palma de Mallorca a nuestra popa, con el objetivo de salir de la Bahía de Palma y doblar Cap Blanc para situarnos lo antes posible en Es Trenc. La derrota es sencilla, pero no menor.

Es Trenc aparece como una línea clara entre mar y dunas. No hay edificaciones, no hay muelles. Solo arena blanca, agua turquesa y esa sensación de haber llegado a un lugar que no esperábamos de una isla como Mallorca.

Fondeamos con respeto, evaluando viento y fondo. La playa se mantiene a distancia prudente. Aquí, el mar es amplio, el silencio también. Se nada, se bucea o desembarcamos para pasear por la orilla y conocer de cerca este enclave que forma parte del Parque Natural Marítimo‑Terrestre Es Trenc–Salobrar de Campos. Su línea de costa se extiende varios kilómetros entre Sa Ràpita y Colònia de Sant Jordi, y está rodeada de salinas y humedales que forman un paisaje costero singular.

Qué más podemos pedir en nuestro primer día a bordo.
Sosiego y exotismo a rabiar.

Puesta de sol y nuestros ojos puestos ya sobre nuestra próxima meta: la isla de Cabrera.

Día 3 y 4: CABRERA, PARQUE NATURAL

Tan solo 12 millas, rumbo sur, nos separan del archipiélago de Cabrera. Diecinueve islas e islotes que conforman el Parque Nacional del Archipiélago de Cabrera. Más del 90 % del parque es agua. Lo que se ve es apenas la superficie de un ecosistema que respira hondo, sin interrupciones.

El fondeo está regulado. Se hace con reserva, en boyas dispuestas para proteger el fondo. Nada se improvisa. La posidonia que se extiende bajo el casco es más que un detalle ecológico: sostiene el equilibrio de este lugar. Aquí se fondea con respeto o no se fondea.

Si hemos puesto rumbo a Cabrera, es porque ya contamos con permiso. Y eso nos da tiempo para —si no circunnavegar la isla— al menos conocer de cerca algunos de sus rincones menos visibles: cuevas, recodos, entradas discretas donde el mar se encierra sin perder profundidad.

A media tarde, entraremos en el Puerto de Cabrera, como si fuéramos corsarios regresando a un escondite. El silencio es nítido. Las conversaciones bajan de volumen sin que nadie lo pida.

Dormir aquí no es dormir en un sitio más. Es, literalmente, pernoctar dentro del Mediterráneo.

La propuesta es que a la mañana siguiente continuemos disfrutando de este espacio tan protegido como único.

Desembarcaremos en el único embarcadero de la isla y que nos recibirá con un verde esmeralda difídil de olvidar. 

Tras un buen café en la cantina, de las pocas edificaciones que veremos allí, podemos tomar dos caminos bien definidos:

Hacia el Castillo de Cabrera (siglo XIV): un sendero que sube en tramos, piedra caliza y pasos amplios, y que termina en la fortaleza que vigilaba el canal entre las islas. Desde allí, las vistas no son “bonitas”. Son explicativas. Ves cómo se emplaza la isla respecto a Mallorca, cómo se abre el mar y cómo cada recodo tiene sentido.

Hacia la Torre de n’Ensiola: un faro sólido, discreto, que se asoma al mar abierto. No es un mirador pintoresco; es un punto desde donde se entiende la inmensidad del archipiélago. Caminando ese tramo encuentras huellas de historia y estrategias defensivas, salpicadas de vegetación mediterránea rasante.

Al regresar, nuestra Cantina, en la que además podemos encontrar algunos recuerdos inolvidables, sin duda nos recompensará con un aperitivo a tono con el paisaje.

El almuerzo a bordo debiera ser un homenaje para el lugar; con suerte podríamos cocinar algún pescado local. Y, llegará la tarde… no faltarán planes.

En la noche, un cielo estrellado nos recordará por qué hemos pasado dos días completos en el archipielago. La sensación será la de no queres irse nunca de Cabrera.

Día 5: 22 MILLAS A PORTO COLOM

Porto Colom es uno de los puertos naturales más grandes y pintorescos de las Islas Baleares. A diferencia de otras zonas más masificadas, conserva un ambiente tradicional de pueblo pesquero. Todo lo que necesitamos para no arrepentirnos de haber dejado atrás Cabrera.

En nuestra travesía, bien si el viento nos sopla del suroeste, bien si lo hace por el noreste, la navegación a vela está garantizada. Aprovecharemos estas horas para que los miembros de la tripulación que así lo deseen puedan conocer las principales claves de la navegación costera: lectura de cartas, control de rumbo, ajuste de velas en tramos prolongados.

Al llegar no creeremos lo que vemos. La bahía es amplia y conforma un abrigo real de casi 360º. Calma total.

Al fondear (o atracar, según prefiera el grupo), el pueblo se muestra sin disfraz: muelles de piedra, llaüts amarrados, fachadas bajas, y al fondo, la silueta blanca del faro de Porto Colom, activo desde el siglo XIX. Desde cubierta se intuye que aquí el tiempo tiene otro calendario, otra velocidad.

En tierra, caminamos hacia la zona de Sa Capella, núcleo original del pueblo, donde aún se conservan casas del siglo XVIII, calles estrechas y la iglesia de Sant Jaume, con vistas a la bahía. Una subida corta, pero reveladora.

Para quien prefiera seguir caminando, se puede llegar hasta la Punta dels Cossi, desde donde se observa toda la entrada del puerto. Y si la tarde pide descanso, basta con sentarse en alguna terraza frente al agua: hay cafés sencillos donde los marineros aún llaman por nombre al camarero, y el pescado del día no se escribe en pizarra, se comenta en voz baja.

Porto Colom no obliga a hacer nada. Pero si uno quiere, lo tiene todo para pasar el día con sentido: un puerto real, historia discreta, luz suave y la sensación de haber hecho escala en el lugar correcto.

Día 6: CALAS DE LEVANTE

Con la primera luz del día, navegaremos con rumbo decidido para desayunar ya fondeados en una de las joyas del levante mallorquín, aprovechando cada milla para disfrutar de una travesía inolvidable. El grupo tendrá libertad para explorar los rincones que más le cautiven, pues esta costa nos regala un catálogo infinito de posibles paradas:

Cala Varques: Una joya virgen de arena blanca entre acantilados, famosa por su arco de piedra natural. Es una parada obligatoria para un primer baño tranquilo.

Cala Romántica (o Estany d’en Mas): Una cala familiar y accesible, con un paisaje de pinos que casi tocan el agua. Ideal si el grupo busca servicios y un fácil acceso a la playa.

Porto Cristo: Más que una cala, un puerto natural con encanto, resguardado y con un paseo marítimo animado. Una lástima que no sea fácil realizar una parada técnica debio a las ultimas restricciones.

Cala Morlanda: Una cala rocosa y estrecha con aguas de un azul intenso, ideal para los amantes del snorkel y el buceo. Su acceso es a través de formaciones rocosas planas.

Cala Millor (Bahía de Son Servera): La playa principal de la bahía, una extensa lengua de arena blanca con todos los servicios y un ambiente vibrante. 

Cala Bona: Un pequeño y pintoresco puerto pesquero dentro de la misma bahía. Ideal para un almuerzo tranquilo en uno de sus restaurantes con vistas al mar.

Sa Coma: Otra playa extensa y familiar dentro de la bahía, con un entorno más relajado que Cala Millor y vistas a una antigua torre de defensa. Perfecta para un baño final antes de llegar al destino.

Font de sa Cala: Nuestro destino final, conocido por su agua clara y cristalina. Ofrece un fondeo seguro y servicios en la playa para cerrar la travesía.

Puede parecer un maratón, pero el grupo – y la meteo – sabrá elegir el lugar donde pasar la noche antes de iniciar el regreso.

Día 7: NAVEGUEMOS DE VUELTA

Nuestro skipper madrugará para adelantar millas antes de que toda la tripulación se presente en cubierta, dispuesta a disfrutar de su última jornada a bordo antes de llegar, a media tarde, a nuestra base en la ciudad de Palma.

STOP. O no.

Quizás el grupo decida hacerlo de otro modo, más relajado, y en lugar de retornar directamente a nuestra base para la despedida, hacer noche en Porto Petro —puerto natural—, en Es Trenc o, por qué no, ya dentro de la bahía de Palma, en El Arenal. Desde allí, igualmente, podrán dirigirse al aeropuerto o puerto de Palma como lo harían desde nuestra base en La Lonja Marina.

En cualquier caso, este último día, además de sorprendernos con nuevos fondeaderos y paisajes ya conocidos desde otra luz, será una oportunidad para hacer balance. Sin discursos. Solo con gestos: quien recoge un cabo sin que se lo pidan, quien se da cuenta que una vela podría estar mejor trimada, quien se queda un poco más en silencio, quien ya piensa en repetir.

Navegar de vuelta es también parte del viaje.

Día 8: PALMA DE MALLORCA | DESPEDIDA Y DESEMBARQUE

La experiencia finaliza a las 09:00 del octavo día. En nuestra base de Palma o en el puerto/cala que la meteorología o el grupo decida. Nuestro barco necesita recuperarse y ponerse a punto. Un nuevo equipo le espera, pero…, no todos los viajes terminan cuando se desembarca.

A veces, lo que queda no es el destino ni la ruta exacta, sino el ritmo que se compartió a bordo, las decisiones tomadas en grupo, las conversaciones que no habríamos tenido en tierra. No hay fotos que recojan del todo cómo se siente navegar sin prisa, elegir fondeo, improvisar comida, dormir al pairo, o simplemente aprender a estar sin necesidad de estar haciendo.

Esto no ha sido un circuito. Tampoco una aventura empaquetada. Ha sido lo que cada uno quiso que fuera.

Y eso —sabemos— no se olvida fácil.

Necesitas conocer más...

Tienes claro que es tu experiencia...

Menorca | Navegar en torno al Camí de Cavalls

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EXPLORAR MENORCA DESDE EL MAR Y LA TIERRA

Cuando el ritmo lo marca el entorno

Esta experiencia se concibe de una forma distinta de recorrer la isla: navegar de cala en cala y, en algunos tramos, caminar por el Camí de Cavalls. El barco se convierte en base y refugio; el camino, en una manera pausada de entrar en el paisaje.

Duración

7 días | 8 noches

Disponibilidad

Junio | Julio | Agosto

Capacidad

Hasta 8 personas*

Distribución

4 camarotes dobles

4 baños

 

Precio

5.600 €

Cómo podría ser una semana a bordo

Cada travesía tiene su propio ritmo. Este es un ejemplo de cómo puede desarrollarse una semana a bordo, siempre adaptándonos al grupo, al mar y al momento.

Encuentro y embarque

Llegada al punto de encuentro, embarque y organización a bordo. Tiempo para conocer el barco, al grupo y el ritmo inicial de la travesía. Primera navegación corta o fondeo cercano, en función de las condiciones.

La travesía empieza sin prisa.

Puesta a punto y primeros tramos

Los primeros días sirven para ajustar el funcionamiento del grupo y del barco. La navegación es tranquila y los primeros tramos del Camí de Cavalls se recorren sin presión, como toma de contacto con el paisaje y el terreno.

Mar y camino empiezan a dialogar.

Ajuste de ritmo: mar - camino

A medida que avanza la semana, se alternan tramos a pie y navegación según las condiciones del mar, el viento y el estado del grupo. Algunos días invitan a caminar más, otros a permanecer fondeados o a navegar con calma.

El ritmo se decide cada mañana.

Desarrollo abierta de la travesía

Con el ritmo ya asentado, la travesía se vive de forma abierta. Se recorren tramos del Camí de Cavalls elegidos en el momento, se repiten lugares si apetece y se alargan las paradas cuando el entorno lo pide.

No hay un plan que cumplir, solo decisiones compartidas.

Tramos elegidos según las condiciones

El desarrollo de los últimos días depende del mar. El viento, el estado del mar y la meteorología determinan qué tramos del Camí se recorren y desde qué puntos se accede a tierra.

La experiencia se adapta, no se fuerza.

Regreso y desembarque

Regreso a puerto y desembarque.

Tiempo para ordenar, despedirse y cerrar la travesía con calma.

Necesitas conocer más...

Tienes claro que es tu experiencia...

Isla de Cabrera | Tomando pulso al Mediterráneo

Isla de Cabrera | Tomando pulso al Mediterráneo

Isla de Cabrera | Tomando pulso al Mediterráneo

MÁS LEJOS DE TODO; MÁS CERCA DE LO QUE IMPORTA

Diecinueve islotes en el corazón del Mediterráneo

Un archipiélago que te hará olvidarte de la civilización, pues el tiempo no transcurre y el silencio lo llena todo. Pura naturaleza e historia que podrás vivir desde el puerto natural de su isla principal: Cabrera.

Duración

3 días | 4 noches

Disponibilidad

Junio | Julio | Agosto

Capacidad

Hasta 8 personas*

Distribución

4 camarotes dobles

4 baños

 

Precio

3.600 €

(*) Consultar mayor disponibilidad.

Una experiencia perfecta si solo dispones de unos días

En pocas horas estaremos ya dentro del Parque Nacional Marítimo‑Terrestre del Archipiélago de Cabrera, y en familia o con tus amigos de siempre, podrás esconderte en uno de los refugios más genuinos e impactantes del Mare Nostrum.

Día 1: PALMA DE MALLORCA | ENCUENTRO Y EMBARQUE

El embarque tiene lugar a las 18:00 en La Lonja Marina Charter, en uno de los puntos más vivos del frente marítimo de Palma. No se sale a navegar este día, y eso es deliberado: la experiencia empieza en puerto, sin prisas y sin presión operativa.

La primera tarde se dedica a tomar contacto con el barco y con el grupo. Hay tiempo para instalarse, dotarse de provisiones, conocer los espacios, repartir camarotes y hacer una primera lectura informal de cómo funciona la vida a bordo y cómo podría ser nuestra travesía. Nada técnico, nada académico: una entrada progresiva y cómoda.

Con el barco ya como base, la ciudad está literalmente a nuestro lado. Tan solo unos metros nos separan de ella. La Lonja y el casco antiguo permiten una primera noche abierta: cena fuera, copa, ambiente y la posibilidad de disfrutar Palma desde tierra sin desconectarse todavía del todo. El barco espera, amarrado, como punto de encuentro y regreso.

Por qué este día importa: porque permite empezar bien, sin forzar nada, mezclando ciudad, grupo y barco antes de soltar amarras al día siguiente.

Día 2: RUMBO SURESTE 150º

Amanecemos con decisión: rumbo 150º, dejando Palma de Mallorca a nuestra popa, con el objetivo de salir de la Bahía de Palma y doblar Cap Blanc para situarnos lo antes posible en Es Trenc. La derrota es sencilla, pero no menor.

Es Trenc aparece como una línea clara entre mar y dunas. No hay edificaciones, no hay muelles. Solo arena blanca, agua turquesa y esa sensación de haber llegado a un lugar que no esperábamos de una isla como Mallorca.

Fondeamos con respeto, evaluando viento y fondo. La playa se mantiene a distancia prudente. Aquí, el mar es amplio, el silencio también. Se nada, se bucea o desembarcamos para pasear por la orilla y conocer de cerca este enclave que forma parte del Parque Natural Marítimo‑Terrestre Es Trenc–Salobrar de Campos. Su línea de costa se extiende varios kilómetros entre Sa Ràpita y Colònia de Sant Jordi, y está rodeada de salinas y humedales que forman un paisaje costero singular.

Tras el almuerzo, pondremos rumbo al  Archipiélago de Cabrera. No más de dos horas de navegación hacia el este y, pronto, lo que al principio parece un único horizonte, se tornará un conjunto de islas que nos dan paso al puerto natural de la mayor de sus islas: Cabrera.  Tiempo para descansar, sentir la naturaleza de nuestro destino y cenar bajo un cielo estrellado que nos dará protección durante la que será una de las experiencias más diferenciales de nuestra vida.

Día 3: EXPLORAR LA ISLA MILENARIA

Desembarcaremos en el único embarcadero de la isla y que nos recibirá con un verde esmeralda difícil de olvidar. Desde ahí, el día se abre con varias opciones.

Podemos subir al Castillo de Cabrera, una antigua fortificación del siglo XIV que domina la entrada al puerto. La caminata es corta, pero el impacto es alto: desde arriba se comprende la disposición del archipiélago y la sensación de estar lejos de todo.

Otra ruta posible es hasta la Torre de n’Ensiola, un faro aislado que se asoma al Mediterráneo abierto. El camino permite ver cómo el paisaje cambia: menos vegetación, más horizonte.

La cantina del parque, discreta y acogedora, permite un café o un aperitivo antes de volver a bordo para almorzar.

Por la tarde, dejaremos nuestra boya para conocer algunos rincones especiales del archipiélago y buscar el lugar perfecto desde donde ver la puesta de sol, sobre un mar infinito  hacia el oeste.

Retornaremos a nuestro refujio. Nos esperan las estrellas.

Día 4: CIRCUNNAVEGACIÓN A CABRERA.

Salimos temprano para rodear Cabrera y explorar desde el mar sus zonas más inaccesibles. Navegaremos entre islotes como Na Foradada, Na Pobra, Na Plana, L’Esponja, Na Conillera y Na Redona, atravesando canales estrechos y tramos de costa donde el mar cambia de color cada pocos metros.

Durante el recorrido, identificamos hitos como Cap Ventós, L’Imperial y Picamosques —acantilados abruptos que caen al mar—, el Faro de n’Ensiola, y la silueta del Castillo de Cabrera, visible en varios momentos del día.

Fondearemos en Es Burri —una de las zonas autorizadas para fondeo diurno— y tras el baño, pondremos rumbo a nuestra base en Palma.

Día 5: PALMA DE MALLORCA | DESPEDIDA Y DESEMBARQUE

La experiencia finaliza a las 09:00 del quinto día. En nuestra base de Palma o en el puerto/cala que la meteorología o el grupo decida. Nuestro barco necesita recuperarse y ponerse a punto. Un nuevo equipo le espera.

Necesitas conocer más...

Tienes claro que es tu experiencia...